sábado, 14 de enero de 2012

Una historia que contar (II)

Los días han pasado increíblemente rápido, pero aun así he quedado con la sensación de que el tiempo ha sido escaso. Será porque su voz me envuelve y no me quiero desprenderme de ella, así que cada instante de soledad se hace un vacío inmenso. Este día, viendo su foto de pequeño, descubro que no ha perdido su sonrisa de niño y eso aún más me enternece. Me doy cuenta también que ama con locura a su familia y daría todo por ellos. Que siempre ha de crecer pero que no olvida que lo sencillo es lo más grande y valioso. (Awww…ese es un suspiro)
Estoy a punto de dormir, hago mi oración y cuando ya quiere llegar el sueño de esta noche, vuelvo a recordar lo que viví hoy. Por la mañana, fui a la universidad y lo vi en clase de Sociología.
El profesor pasó un video sobre la realidad que enfrentamos en la nación y algo de la reproducción quedó en mí: ‘Vivimos en un país en donde el apellido vale más que las ideas’. Lo triste es que parece ser cierto… Y aunque el gobierno proponga inclusión, parece que la ciudadanía aun concibe la existencia de ‘razas superiores’.
Luego de la cinta, armamos grupos de cinco integrantes para organizar un debate y luego presentar un trabajo acerca de la influencia de los ambientes de socialización en la formación de prejuicios sociales dentro de la conciencia de un individuo. Gabriel me dijo para trabajar juntos y como también conocía a otros tres amigos más -Rosita, Martín y Alejandro-, formamos el grupo. Al terminar la clase, decidimos reunirnos para acordar lo que desarrollaríamos en el proyecto así que fuimos a almorzar mientras discutíamos las ideas.
Rosita y yo queríamos analizar la relación del entorno escolar y la discriminación por el aspecto físico. Pero los chicos prefirieron trabajar con algún tema político debido a la ineficacia de la gestión política en el manejo de la inclusión social. En ese momento inició un lío grande pues tras cada opinión había alguien que se oponía.
-Pero si los políticos no son eficientes, ¿por qué no se reducen en número? Luego del último escándalo, parece que cualquiera puede ser alcalde, congresista o presidente de la nación- comenta Alejandro.
-No es así, reducir la cantidad de representantes políticos no los volverá más efectivos. Además cualquier persona parte de la sociedad mayor de 18 años, puede ser una autoridad- replico.
-Yo creo que no debería ser así, no cualquiera está apto para ocupar un cargo de poder- menciona Martín  
-¿Por qué?, ¿acaso no podría aprender? El problema no es que se postulen muchos a los puestos políticos, porque así funciona la democracia; sino, es que la sociedad no decide correctamente quién debe ser su autoridad- responde Rosa, con un tono alto.
-De ese modo, la ciudadanía debería ser preparada con más información acerca de sus líderes- expone Gabriel intentando poner calma.
-Pero la sociedad solo busca que las autoridades les resuelvan sus necesidades, está acostumbrada a eso. ¿Es posible cambiarla?- Alejandro no se queda callado.
Todos tomamos un momento para pensar. Luego Rosa responde:
-Sí, soy optimista.
-Yo prefiero ser realista y pensar que mejor exigimos un perfil adecuado que deban cumplir obligatoriamente los políticos, pues es más fácil conseguir eso antes que toda la sociedad cambie- Alejandro enfrenta la opinión de Rosa.
En ese momento, nos damos cuenta que la discusión se acaloró y decidimos continuar otro día el trabajo. Nos despedimos, pero Gabriel decide acompañarme un rato más.
-No es tan fácil escuchar algo con lo que no estás de acuerdo y no responder- solté una frase que tenía contenida.
-Son temas que nos importan pero cada uno tiene una opinión propia que debe ser respetada- maduramente comenta Gabriel.
-Es cierto, lo creo también; pero aun así no es sencillo hacerlo.
-Paciencia- responde y me guiña un ojo.
-Tú que crees: ¿es más simple tener paciencia con las cosas que están fuera de nuestro control o las que si lo están?- pregunté
-Qué difícil! Pero depende del lado del que lo mires. Después de todo, paciencia es saber esperar.
-¿Y esperar simplemente es aguardar o también debemos actuar?
-En ese tiempo incluimos la verdadera esperanza y también colaboramos de alguna manera para que lo que esperamos ocurra.
-¿Entonces sí sabes esperar?
-No diría exactamente eso, creo que primero siempre me entran las ansias de que ocurra lo que espero pero luego cuando descubro que no podemos controlar todas las cosas que suceden, lo dejo a Dios.
-Me pasa casi lo mismo… y aunque me cueste reconocer, creo que pocas veces sé esperar.
-Tampoco sé, pero podemos intentar aprender.
-Hagamos un esfuerzo por tener paciencia.
-Claro que sí, hay que prometérnoslo.
-Entonces es una promesa.
Me cogió la mejilla y comentó que tenía que terminar de leer unos libros para su examen. Lo acompañé a la biblioteca y luego nos despedimos.  
(Otra vez un suspiro) De nuevo intentando dormir, el sueño llegó a mí.

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