Como una palabra dicha o escrita espontáneamente. Así es este blog, una diálogo con el interior que trasciende.
lunes, 30 de abril de 2012
Qué curioso!
No sé si les pasa a ustedes o solo a mí pero, generalmente de lo que siempre me quejo, luego me sucede. Me refiero al hecho de que cuando juzgo algo en alguien, sin darme cuenta también termino juzgándolo en mí. Y creo que todo esto tiene que ver con mi tendencia a que todo sea perfecto (de esto escribiré pronto). No les ha pasado alguna vez que dijeron: ¿por qué no hace más rápido esto? o ¿en qué está pensando para hacer aquello? y luego cuando les pasa a ustedes duele más. Pues a mí me ha dejado pensando muchas veces (recuerdo que hace poco criticaba a alguien por no usar correctamente una palabra o formularla mal y al final, termino equivocándome al escribir también o una clásica, doy una solución al problema de otra persona y la aconsejo pero cuando me sucede a mí, no cumplo con lo que recomiendo) y creo que hay una lección de por medio: Cometemos tantos errores como excusas se nos pueden ocurrir, existen pero no se justifican. Creo que tolerar nuestros fallos proviene de la conciencia de la fragilidad humana, sin embargo, no significa que si caemos no podemos levantarnos. Quizá deba ser más paciente con los demás y conmigo misma. Más abierta al fracaso y correr riesgos. Cómo se supone que lo conseguiré? Lo pienso ahora y parece y no parece tan difícil (contradictorio? creo que no, las opiniones son y no son, qué relativo!) Pues comenzaré por aceptar que todo no es como pienso o como quisiera que sea. Sería más fácil así, pero la vida no se muestra cómodamente, es más compleja (recuerdo a Heráclito: la armonía oculta es superior a la manifiesta). Entonces, hoy me toca -mejor: nos toca- reconocer lo diferente y aprender de ello. Otra vez: ¿suena difícil? Veremos que resulta.
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